El fantasma del descenso

Archivo - El presidente Alberto Fernández. Foto NA



“Nadie les exige milagros. No se puede generar un problema y, cuando por tu acción la situación se complica, intentar eludir las responsabilidades.

Los primeros misiles de la interna oficialista se pudieron ver luego de la contundente derrota de las PASO el año pasado cuando la Vicepresidenta y La Cámpora criticaron fuertemente al Presidente e inmediatamente se implementó el plan Platita.

Este, si bien recuperó algunos cuantos votos para el oficialismo, no alcanzó para revertir el resultado en las generales.

El oficialismo obtuvo una contundente derrota, a pesar de la escandalosa emisión para financiar la fiesta, alertando a los ideólogos de La Cámpora que anticipan una derrota segura en el 2023.

Como estrategia idearon el operativo despegue que inicio con cartas, audios, renuncias y tuvo su punto máximo en la falta de apoyo legislativo al Acuerdo con el FMI (léase mandar al país al default). Cristina Fernández de Kirchner definió la fórmula Fernández – Fernández.

Al ganar, su mandato es por cuatro años. El año pasado la vicepresidenta le exigió al Presidente, y este aceptó, incrementar exponencialmente el gasto para atenuar los resultados de las PASO.

Esto se financió con emisión y produjo, meses después, la aceleración escandalosa de precios actual que advertimos oportunamente se generaría.

Esta imposición por parte de Cristina la hace responsable directa de la pérdida vertiginosa de poder adquisitivo que hoy se vive, no puede desentenderse de esta consecuencia mirando para otro lado. Hacerse cargo debería ser la primera acción para encarar una solución.

El déficit primario del primer bimestre del año es de 93.000 millones de pesos, mientras que los gastos crecen más que los recursos (54% vs. 63%) y el problema se agrava cada vez más.

Ese déficit genera deuda y para financiarlo el Gobierno resolvió pedir prestado 4.500 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional.

No solo eso, también deberá tomar deuda en mercado local, desplazando así el necesario crédito del sector productivo.

Pero tampoco alcanza, por lo tanto deberá continuar con la emisión, es decir, que vía pérdida de valor del peso, jubilados y asalariados financiarán este exceso de gasto público.

Siguen sin identificar el problema y sólo proponen medidas con fracaso asegurado para atacar las consecuencias. No entienden, o no quieren entender, que es el déficit es el problema.

La regla de oro es no endeudarse para gasto primario. Esto significa que los ingresos deben ser mayores o iguales a los gastos primarios y para cumplirlo el camino no es ni subir, ni crear nuevos impuestos.

El camino no es la presión fiscal, porque la actual ya es insostenible y atenta contra el necesario crecimiento sostenido y constante que requiere nuestro país.

Dicho lo anterior, sólo queda una fórmula: ser eficientes en el gasto.

Eliminar todo el gasto innecesario. Todo. Es una obligación de quien está a cargo de administrar fondos públicos y está claro que la mayor parte de las decisiones de gastos, por su tamaño en relación al presupuesto total, son irrelevantes.

Que Turismo no alquile oficinas por 600.000 dólares y que PAMI no nombre 500 nuevos empleados no calificados no va a resolver el déficit fiscal pero si da autoridad moral de exigir esfuerzos a otros.

Además, la sumatoria de gastos innecesarios sí contribuye a empezar a solucionar el problema.

Y aunque no lo hiciera, no son fondos propios, administran fondos de los contribuyentes.

No pueden darse el lujo de gastar un solo peso que no corresponda estricta y necesariamente a la prestación de servicios públicos.

El déficit primario acumulado entre 2011 y 2015, durante gestiones Cristina Fernández de Kirchner, acumuló 12% del PBG.

Entre el 2020 y el 2021 significan 12 puntos más. Casi un cuarto de PBG. Eso, como mencioné antes, es deuda y depreciación del peso, es decir, lo paga la gente.

El Poder Ejecutivo encabezado por Alberto Fernández y su vice, Cristina Fernández de Kirchner, son ambos (lapicera e ideóloga) responsables de lo que está pasando.

Ninguno puede a esta altura despegarse por más interna que quieran usar como excusa.

En términos futboleros: eligió DT, casi todo el equipo es de ella y participó de todos los partidos que explican el flaco promedio. Pero ante el inminente descenso intenta despegarse.

La hinchada lo sabe, y le va a exigir, por más operativo “yo no fui” que intente”.

Opinión por Lisandro Nieri – diputado nacional de la UCR por Mendoza.